Lord Nottingham: el enemigo que llegó en son de paz

El 16 de abril de 1605, las murallas de A Coruña contemplaron una estampa que pocos habrían imaginado apenas unos años antes. Desde el horizonte marino se perfilaba la silueta del White Bear, el buque insignia de la flota inglesa, con sus 80 cañones, ahora silenciosos, a la ciudad que había sufrido el asedio de Drake en 1589. A bordo viajaba Charles Howard, I conde de Nottingham, el mismo almirante que había comandado la flota inglesa contra la Armada Invencible en 1588. No venía a guerrear, sino a ratificar la paz.
Para entender la magnitud del acontecimiento, hay que recordar quién era Charles Howard. Había sido el Lord High Admiral de Inglaterra, el comandante en jefe de la flota que en 1588 había enfrentado y dispersado a la Gran Armada de Felipe II. Durante casi dos décadas, su nombre había sido sinónimo de enemigo para los españoles. Y ahora, en 1605, aquel mismo hombre desembarcaba en A Coruña como embajador de un rey que quería la paz.
El nuevo monarca inglés, Jacobo I, ascendido al trono en 1603 tras la muerte de Isabel I, estaba decidido a poner fin a veinte años de guerra con España. Por su parte, Felipe III había comprendido que el sueño de su padre de destruir el protestantismo en Inglaterra era irrealizable. Ambas coronas necesitaban la paz. El escenario estaba preparado.
Un séquito para impresionar
La embajada de Nottingham no fue un viaje discreto. Era una misión de alto nivel diplomático, y el despliegue debía estar a la altura. Nottingham llegó a España con un séquito de unas 650 personas, entre las que se contaban caballeros, sirvientes, músicos y oficiales. La comitiva vestía libreas de colores vivos —naranja, damasco, terciopelo negro y plata— diseñadas para demostrar el poderío de la corte de Jacobo I.
A Coruña, puerta de entrada a España
El primer punto de contacto fue A Coruña. La flota que transportaba la embajada había zarpado de Inglaterra y, tras cruzar el Cantábrico, se presentó ante la ciudad gallega. El desembarco se produjo el 16 de abril de 1605.
El relato de la embajada, recogido por autores como Wenceslao Ramírez de Villa-Urrutia en sus Ocios diplomáticos, describe el estado en que Nottingham encontró la ciudad. Según los testimonios ingleses, A Coruña se hallaba en un estado decrépito. Argumentaban que, dieciséis años después del saqueo de Drake, la ciudad no se había reconstruido lo suficiente. La Pescadería, incendiada durante el asedio, seguía mostrando las cicatrices. La capacidad de la ciudad para albergar a las 650 personas del séquito era limitada, y algunos miembros de la comitiva tuvieron que regresar a Inglaterra desde el puerto coruñés.
Esta descripción, aunque interesada, tiene un valor histórico incalculable. Confirma que los daños causados por el ataque de 1589 aún eran visibles en 1605. La ciudad que había resistido heroicamente el asalto inglés seguía pagando las consecuencias de aquella gesta.
El viaje a Valladolid
Desde A Coruña, la comitiva emprendió el difícil viaje por tierra hasta Valladolid, donde se encontraba la corte de Felipe III. Las autoridades españolas pusieron a su disposición 800 mulas, dos carrozas y dos literas para transportar a las personas y los equipajes. El trayecto, que pasaba por Lugo, Astorga y Benavente, debió de ser penoso, pero el recibimiento en cada localidad fue espléndido.
La embajada llegó a Valladolid el 16 de mayo de 1605. La ciudad, que era la capital del reino desde 1601, se engalanó para la ocasión. Durante tres semanas, se sucedieron los festejos, las visitas protocolarias y las audiencias. El punto culminante fue la ceremonia de ratificación del Tratado de Londres, que tuvo lugar en el Salón Grande del Palacio Real de Valladolid el 30 de mayo de 1605.
La paz, el matrimonio y los regalos
El protocolo diplomático de la época convertía el intercambio de regalos en una parte esencial de los tratados de paz. Nottingham no se fue de España con las manos vacías. Felipe III le obsequió con una joya de diamantes y oro para el sombrero, un collar de oro engastado con diamantes y otras alhajas de gran valor. También recibieron regalos sus hijos y su esposa, Margaret Stewart.
Pero el regalo más simbólico fue el que el propio Nottingham hizo a la reina Margarita de Austria. Le presentó una joya con los emblemas de la Casa de Austria: el águila bicéfala y el Toisón de Oro. Este gesto, cargado de significado, simbolizaba el reconocimiento de la dinastía que durante dos décadas había sido el enemigo.
El rey Jacobo I, por su parte, había descrito la paz como un «matrimonio» entre las dos naciones. Y como en toda boda, hubo anillo. Nottingham entregó a Felipe III una sortija con un diamante valorado en 3.000 libras. El rey, en señal de aceptación, la puso en el dedo del embajador, «en señal de desposarlo en verdadero amor perpetuo».
El cuadro de la Conferencia de Somerset House

El Tratado de Londres fue inmortalizado en un famoso cuadro, La Conferencia de Somerset House, que se conserva en la National Portrait Gallery de Londres. La obra muestra a los once comisionados que negociaron la paz: los seis representantes hispano-flamencos a la izquierda, y los cinco ingleses a la derecha. Nottingham aparece en segundo lugar por la derecha, junto a la ventana, vistiendo un jubón blanco con encajes de plata y una gorra. A su lado, Thomas Sackville, conde de Dorset, que lideró la delegación inglesa.
El cuadro es una joya de la pintura de la época y un testimonio visual de aquel momento histórico. Aunque durante mucho tiempo se atribuyó al pintor español Juan Pantoja de la Cruz, los estudios actuales señalan que es obra de un artista anónimo, probablemente flamenco.
Conclusión: un nuevo comienzo para A Coruña
La embajada de Lord Nottingham a España en 1605 es un episodio que merece ser recordado, especialmente en A Coruña. Fue el momento en que el enemigo llegó en son de paz, para sellar el fin de una guerra que había marcado a fuego a la ciudad.
Y, sin embargo, el contraste era evidente. Nottingham llegaba rodeado de lujo y ostentación, mientras la ciudad que lo recibía aún lloraba las heridas de su ataque de 1589. A Coruña, que había sido el punto de partida de la Armada Invencible y el escenario de la gesta de María Pita, era ahora el puerto de entrada de la paz. Aquel desembarco de abril de 1605 no solo cerraba un capítulo de la historia, sino que abría otro: el de la reconstrucción de una ciudad que, a pesar de todo, seguía en pie.
Para saber más:
- Ramírez de Villa-Urrutia, Wenceslao. Ocios diplomáticos. Madrid: Francisco Beltrán, 1927.
- «Charles Howard, 1st Earl of Nottingham.» Wikipedia.
- La ruta de los ingleses – https://rutadelosingleses1605.blogspot.com/2020/03/la-ruta-de-los-ingleses-de-shakespeare.html
- José Raimundo Núñez Lendoiro – https://www.cronistadebetanzos.com/el-natalicio-de-felipe-iv-y-su-repercusion-en-betanzos-de-los-caballeros/
- Xosé Alfeirán – https://www.lavozdegalicia.es/noticia/coruna/coruna/2017/09/18/sorprendente-visita-almirante-howard-650-acompanantes/0003_201709H18C5994.htm