La expedición española a Irlanda de 1601

A Coruña, septiembre de 1601
El puerto vivía días de una actividad inusual. Carpinteros, calafates, carreteros y estibadores trabajaban sin descanso mientras treinta y tres embarcaciones se preparaban para zarpar. En sus bodegas se almacenaban víveres, municiones y pertrechos. En cubierta embarcaban 4.432 soldados de los Tercios españoles, destinados a una misión tan ambiciosa como incierta: cruzar el mar para apoyar a los rebeldes irlandeses que luchaban contra Isabel I de Inglaterra.
Al frente de la expedición viajaba Juan del Águila, uno de los oficiales más experimentados del ejército español. Su destino era Kinsale, en el sur de Irlanda. Allí esperaba abrir un nuevo frente contra Inglaterra y cambiar el rumbo de una guerra que se prolongaba desde hacía casi veinte años.
Aquella no era una expedición cualquiera. Desde el fracaso de la Gran Armada en 1588 y el ataque de Drake sobre A Coruña en 1589, Galicia se había convertido en una pieza fundamental de la estrategia naval de la Monarquía Hispánica. Sus puertos servían para reparar barcos, reunir tropas y organizar nuevas operaciones contra Inglaterra. La expedición de 1601 fue, probablemente, el último gran intento de Felipe III de llevar la guerra al territorio enemigo.
¿Quién era Juan del Águila?
Juan del Águila (hacia 1545-1604) era uno de los militares más prestigiosos de su tiempo. Había servido durante décadas en Sicilia, combatido en Malta, Flandes y Francia y dirigido tropas en algunas de las campañas más importantes de la Monarquía Hispánica. Felipe II llegó a definirlo como «un hombre que nació sin miedo». Con ese prestigio recibió el mando de la expedición destinada a auxiliar a los rebeldes irlandeses.
Los preparativos en A Coruña
El puerto de A Coruña era, a comienzos del siglo XVII, uno de los principales centros logísticos de la Monarquía Hispánica en el Atlántico. Su posición geográfica, abierta al océano y relativamente cercana a las rutas hacia el norte de Europa, le convertía en un enclave estratégico de primer orden. Además, contaba con infraestructuras que otras ciudades gallegas no tenían: astilleros, almacenes reales y una capacidad logística acumulada durante años de preparativos bélicos.
Los preparativos para la expedición de 1601 fueron intensos. En los muelles, los carpinteros de ribera revisaban los cascos de las naves, calafateaban las junturas y reforzaban los mástiles. Los carreteros transportaban desde los almacenes reales toneladas de galleta, vino, agua, carne salada, legumbres y municiones. Los estibadores cargaban los barriles de pólvora, las balas de plomo y los pertrechos de artillería.
La composición de la flota reflejaba las necesidades de la misión. Eran 33 embarcaciones, entre galeones, urcas, pataches y navíos de menor porte. Los galeones, grandes y robustos, transportaban a la mayor parte de la infantería y la artillería pesada. Las urcas, más pequeñas y maniobreras, llevaban provisiones y municiones. Los pataches, rápidos y ligeros, cumplían funciones de exploración y correo.
A bordo viajaban los tercios de Juan del Águila y de Francisco de Toledo, que sumaban 4.432 soldados. Muchos eran veteranos de Flandes e Italia. Llevaban arcabuces, picas, espadas y corazas, y estaban entrenados en las tácticas de combate que habían hecho de los Tercios españoles la mejor infantería de Europa.
El ambiente en la ciudad era tenso y expectante. Los vecinos de A Coruña, que habían vivido en primera persona el asedio de Drake en 1589 y el desastre de la Armada de Padilla en 1596, sabían que una expedición de aquella magnitud implicaba riesgos enormes. Los soldados se mezclaban con la población local en tabernas y plazas, creando un ambiente de bullicio y nerviosismo que se prolongó durante semanas.
En la Corte, que desde enero de 1601 residía en Valladolid, se seguía con atención el desarrollo de los preparativos. Las instrucciones del socorro, dadas el 8 de agosto de 1601, reflejan una cierta improvisación. Se remitía al maestre de campo Juan del Águila y al almirante Diego Brochero la determinación del lugar de desembarco: «y porque de aquí no se puede dar regla ni orden cierta de la parte y puerto donde sea mejor desembarcar la gente, manda Su Majestad que se remeta esto a don Juan del Águila y a don Diego Brochero».
El 18 de septiembre, la flota zarpó de A Coruña sin saber el punto exacto del desembarco. La decisión quedaba en manos de Juan del Águila y del almirante Diego Brochero, que tendrían que elegir el lugar más adecuado una vez alcanzadas las costas irlandesas.
El temporal que lo cambió todo
El mar, como tantas veces antes, no estaba de parte de los españoles. Un fuerte temporal dispersó la flota cerca de la isla de Ouessant, frente a la costa de Bretaña. Dos galeones y siete urcas se separaron del grupo, y casi 1.100 soldados no pudieron desembarcar en Irlanda: aproximadamente el veinte por ciento de las fuerzas del socorro.
Nueve embarcaciones al mando de Pedro de Zubiaur, con 650 soldados y la mayoría de las provisiones, se vieron obligadas a regresar a A Coruña. El resto de la flota, capitaneada por Brochero, buscó refugio en la población de Kinsale, en el condado de Cork, donde desembarcaron unos 3.000 hombres al mando de Juan del Águila el 1 de octubre de 1601.
El temporal había hecho mucho más que retrasar el viaje: había privado a la expedición de una parte significativa de sus efectivos y de las provisiones necesarias para mantener una campaña prolongada. Aquella tormenta sería, en retrospectiva, el primer gran revés de la operación.
El cerco de Kinsale
Kinsale no era el lugar ideal para un desembarco. Situado en una hondonada y con murallas deficientes, era la peor elección posible para resistir un asedio entre todos los puertos de Munster. Pero la necesidad se impuso: el puerto estaba pobremente protegido por una pequeña guarnición inglesa, que huyó en cuanto los españoles comenzaron el desembarco.
Juan del Águila decidió fortificar ambas riberas del río Bandon, construyendo los fuertes de Castle Park y Ringcurram. Pero la posición era precaria. Las tropas españolas, aisladas y alejadas de las fuerzas irlandesas, quedaron rápidamente bloqueadas por un ejército inglés que les triplicaba en número: 4.000 hombres al mando de George Carew, a los que se sumaron 6.000 infantes y 600 caballos bajo el mando del barón de Mountjoy, además de una flota que cerraba la bahía.
La situación era desesperada. El invierno entraba con dureza, el frío y las intensas lluvias se sumaban a la escasez de alimentos y a las enfermedades que mermaban las fuerzas hispánicas. Del Águila pidió ayuda a España.
Desde A Coruña, se organizó una segunda expedición. El 7 de diciembre de 1601 partió una escuadra al mando de Pedro de Zubiaur, con 10 buques, 829 soldados y abundantes provisiones. Pero el temporal volvió a golpear: cuatro naves se perdieron y el resto arribó a Castlehaven, a unos 70 kilómetros al oeste de Kinsale, el 11 de diciembre. Las tropas desembarcaron y se fortificaron, pero el contacto con las fuerzas sitiadas en Kinsale era prácticamente imposible.
El 24 de diciembre de 1601 (3 de enero de 1602 en el calendario gregoriano), se libró la batalla decisiva. Las fuerzas irlandesas de O’Neill y O’Donnell, que habían realizado una marcha de 250-300 millas en pleno invierno, se enfrentaron a los ingleses en las cercanías de Kinsale. La falta de coordinación entre los irlandeses y los españoles sitiados, unida a la superioridad de la caballería inglesa, convirtió la batalla en una derrota para la coalición hispano-irlandesa.
Cayeron 1.200 hombres de la coalición, de ellos 90 españoles y 52 más que fueron hechos prisioneros. Tan solo 50 hombres consiguieron romper el cerco y llegar a Kinsale. El 12 de enero de 1602, Juan del Águila capituló ante Mountjoy. Las condiciones fueron honrosas: los ingleses proporcionarían transporte y víveres a las tropas españolas, y estas podrían conservar sus armas, dinero y estandartes.
El regreso a A Coruña
El 13 de marzo de 1602, los supervivientes desembarcaron de nuevo en A Coruña. Habían partido apenas seis meses antes convencidos de que abrirían un nuevo frente contra Inglaterra. Regresaban derrotados, después de una campaña marcada por los temporales, el aislamiento y la falta de coordinación con los ejércitos irlandeses.
Juan del Águila, que había gastado su propio dinero en la expedición, destinó los 59.000 escudos que le quedaban a la creación de un hospital de campaña en la ciudad para atender a los soldados heridos y enfermos que regresaban con él. Este gesto, que revela el sentido del deber del veterano militar, fue uno de los últimos actos de su vida.
El maestre de campo quedó bajo arresto domiciliario en A Coruña y nunca pudo defender personalmente su actuación ante la Corte. En Valladolid, el Consejo Supremo de Guerra le acusó de «haber perdido la reputación» por su rendición y de no haber abandonado Kinsale a tiempo durante la batalla. Pero la imposibilidad de que pudiera dar su versión de los hechos —había resistido durante tres meses en Kinsale frente a fuerzas muy superiores— y su posterior muerte en la ciudad en agosto de 1604 impidieron que pudiera defenderse.
La guerra entre españoles e ingleses terminó oficialmente con el Tratado de Londres de 1604, firmado apenas unos meses después de la muerte de Del Águila. La apuesta de Felipe III de establecer una base en Irlanda había fracasado, pero la gesta de aquellos soldados —y el papel de A Coruña como puerto de partida y de regreso— quedaría grabada en la memoria de la ciudad.
Conclusión: la expedición que pasó por A Coruña
Hoy la expedición de Kinsale suele recordarse como el último gran intento español de intervenir en Irlanda. Sin embargo, también forma parte de la historia de A Coruña. Sus muelles fueron el punto de partida de una de las operaciones militares más ambiciosas de la Monarquía Hispánica y el puerto al que regresaron, meses después, los supervivientes de aquella empresa. Durante unos meses, el destino de Irlanda pasó por A Coruña.
Para saber más:
- Esteban Ribas, Alberto Raúl y San Clemente de Mingo, Tomás (2013). La batalla de Kinsale. Zaragoza: HRM.
- «Juan del Águila«. Wikipedia, la enciclopedia libre.
- «El Socorro español de Irlanda. La batalla de Kinsale». Tercios Viejos (2022). Parte I y parte II.
- «Batalla de Kinsale«. Wikipedia, la enciclopedia libre.