Los hospitales de A Coruña en 1600

Nueve camas para toda la ciudad

A comienzos del siglo XVII, extramuros de A Coruña, en el Campo del Espíritu Santo, se levantaba un edificio modesto: planta baja, planta alta, una pequeña capilla y nueve camas. Era el Hospital del Buen Suceso, y su inventario era escueto: sábanas, almohadas, mantas y jergones.

Nueve camas parecen pocas, y lo eran. Pero conviene no proyectar sobre ellas la idea moderna de hospital. En 1600, estas instituciones eran, ante todo, casas de acogida: recibían a pobres, a enfermos, a viajeros y, según las circunstancias, a soldados. En una ciudad portuaria como A Coruña, eso significaba una demanda constante y difícil de prever. Marineros de paso, peregrinos, población pobre de la propia ciudad y hombres de las armadas del rey competían por el mismo puñado de camas.

Hospital medieval, siglo XV. Miniatura del códice 2470 de la Biblioteca Laurenciana de Florencia. Fuente: Caridad y Beneficencia en el antiguo Ciudad Real, El Sayón, 2015.

De San Andrés al Buen Suceso

Para entender por qué el Buen Suceso existía apenas hacia 1600, hay que retroceder catorce años. El ataque inglés de 1589 —el que puso a prueba a la ciudad y dejó viva la memoria de María Pita— había dejado también graves carencias en la atención a los enfermos.

El hospital de San Andrés, situado en donde hoy se halla la Iglesia Castrense del mismo nombre, era el de la Irmandade da Paz e a Misericordia da Confraría da Veracruz, vinculada a los mareantes, y disponía de más de 150 camas para enfermos, peregrinos extranjeros y pobres. El documento dice que los ingleses lo incendiaron al levantar el cerco, sin dejar prácticamente nada.

La respuesta llegó por vía de una donación: Ares González legó 800 ducados para levantar una casa destinada a pobres, viajeros y naturales de la ciudad.

El Ayuntamiento no puso en marcha el proyecto hasta 1594. Las obras avanzaron entre 1595 y 1596. Antes de esa fecha, y también después, la asistencia recaía en parte en otros centros, entre ellos el hospital de San Andrés.

San Andrés nunca recuperó la importancia que había tenido antes de 1589. Reconstruido parcialmente después del ataque inglés, continuó prestando servicio durante el siglo XVII, aunque su deterioro fue progresivo. A comienzos del XVIII se decía ya que tenía de hospital poco más que el nombre y, a finales de ese siglo, dejó de cumplir de forma habitual su antigua función asistencial. Sus dependencias todavía se utilizaron ocasionalmente para atender a heridos en situaciones de guerra, pero el gran hospital de los mareantes había desaparecido como tal.

Enfermos y pólvora

El episodio central de esta historia ocurrió en 1603. El Ayuntamiento protestó porque el hospital pensado para los pobres de la ciudad estaba ocupado por soldados enfermos procedentes de las armadas y de los presidios. Eran tantos que, en ocasiones, algunos tuvieron que ser trasladados al hospital de San Andrés.

El conflicto no terminaba ahí. El Buen Suceso había sido utilizado también como almacén militar: pólvora, cuerda, balas y otros pertrechos de las armadas ocupaban parte del edificio pensado para curar enfermos. La situación llegó a tal punto que fue necesario retirar la imagen de la Quinta Angustia que presidía la capilla y trasladarla a la ermita del Espíritu Santo, próxima al hospital.

La escena no necesita ningún adorno: un edificio de nueve camas, a medio camino entre hospital y polvorín, en una ciudad que no sabía muy bien a quién atender primero.

Mantener nueve camas

Detrás de las camas y de los pertrechos había una economía cotidiana que también queda documentada. El Ayuntamiento, la Audiencia, un médico, un boticario y las limosnas de particulares sostenían el funcionamiento del Buen Suceso.

La ciudad aportaba tres reales diarios para el mantenimiento del hospital, pagaba veinte ducados al médico y otros cuarenta en medicinas al boticario. La Audiencia debía añadir dos reales diarios. El resto dependía de las limosnas y donaciones particulares.

Un hospital para los soldados

El conflicto planteado en 1603 —un hospital destinado a los pobres de la ciudad ocupado por las necesidades de la gente de guerra— no se resolvió de inmediato, pero encontró una salida años más tarde. En 1626 se construyó, en el mismo Campo del Espíritu Santo y muy próximo al Buen Suceso, el Hospital del Rey, concebido específicamente para atender a las tropas.

No hay que confundir ambos edificios: coexistieron en el mismo entorno, pero respondían a necesidades distintas. Con el Hospital del Rey, A Coruña separó por fin, al menos sobre el papel, la asistencia a la población civil de la atención a las tropas de una plaza fuerte.

Lo que queda hoy

Antiguo Hospital Militar e iglesia del Buen Suceso, 1895. Fotografía de autor desconocido.

Ambos hospitales, el Buen Suceso y el del Rey, acabaron siendo derribados a mediados del siglo XIX. Sobre sus solares se levantó entre 1861 y 1866 un nuevo Hospital Militar. De esa evolución procede el actual Abente y Lago.

Quien hoy entra allí pisa un lugar dedicado a curar enfermos desde hace cuatro siglos. Pero en 1603 habría encontrado allí algo mucho más modesto: un pequeño hospital extramuros, nueve camas y una ciudad discutiendo quién tenía derecho a ocuparlas.


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