Robert Comerford, el irlandés que se convirtió en Roberto Comoforte

En marzo de 1586, el mercader irlandés Robert Comerford, residente en Galicia, prestó diez ducados al criado de un clérigo de Ourense.
No era todavía uno de los grandes hombres de negocios de A Coruña. Comerciaba principalmente con mercancías llegadas de Irlanda a través de Baiona y prestaba pequeñas cantidades de dinero. En los documentos españoles, su apellido comenzó a adoptar una forma nueva: Comerford se convirtió en Comoforte.
Treinta años después, aquel mercader de Waterford era uno de los hombres más ricos de A Coruña: proveedor de la Armada, prestamista, propietario de casas, intermediario entre las autoridades españolas y los irlandeses y cónsul de varias comunidades extranjeras.
Pero quizá el mejor indicio de su integración en la ciudad sea otro. Roberto Comoforte, vecino de la Pescadería y feligrés de San Nicolás, figuró entre los fundadores de la Cofradía del Santísimo Sacramento de su parroquia.
Su historia permite seguir, casi paso a paso, cómo un extranjero podía llegar a integrarse en la sociedad coruñesa de comienzos del siglo XVII.
Robert Comerford, de Waterford a Galicia
Robert Comerford nació hacia 1560 en una familia de comerciantes de Waterford que mantenía antiguas relaciones con la península ibérica. Durante el siglo XVI, los mercaderes de aquella ciudad irlandesa habían comerciado con Galicia, especialmente con Baiona, y en la década de 1580 algunos empezaron a establecerse también en A Coruña.
Robert siguió esa ruta. En 1586 ya residía en Galicia. Los documentos lo muestran prestando pequeñas cantidades y comerciando con productos irlandeses llegados a través de Baiona.
Era el comienzo de una carrera que acabaría situándolo entre los comerciantes más importantes de A Coruña.
Drake llega a la Pescadería
En 1589 Comerford ya vivía con su mujer, Catalina Lynch, y sus hijos en la Pescadería coruñesa.
Allí los sorprendió el ataque de Francis Drake. Las tropas inglesas desembarcaron, ocuparon la Pescadería y obligaron a buena parte de sus habitantes a buscar refugio tras las murallas de la Ciudad Vieja.
No sabemos qué hizo Comerford durante aquellos días, ni si su familia perdió su casa o parte de sus mercancías. Los documentos no nos dicen qué fue de ellos durante el ataque.
Lo que sí sabemos es que se quedó.
Al año siguiente seguía en A Coruña y sus conocimientos empezaban a abrirle otras puertas. En 1590 la Inquisición lo empleó como intérprete durante las inspecciones de los barcos mercantes extranjeros. Sus idiomas, su conocimiento de los puertos y su experiencia en el comercio internacional lo convertían en alguien a quien las autoridades podían recurrir.
Ese mismo año prestó 350 ducados a un notario para que pudiera comprar el oficio de otro escribano. Poco quedaba ya del mercader que cuatro años antes prestaba pequeñas cantidades.
Comerford empezaba a prosperar.
Pescado, cáñamo y préstamos
Durante la década de 1590 Comerford amplió sus negocios. Prestaba dinero, participaba en actividades relacionadas con la pesca y comerciaba con productos como sardinas, aceite, cereales y cáñamo.
El cáñamo acabó siendo especialmente importante. En 1592 ya lo suministraba a la Armada y, con el tiempo, alcanzó una posición privilegiada en su distribución por los puertos del norte de Galicia.
A comienzos del nuevo siglo ya no era un pequeño mercader extranjero. En 1600 figuró entre los setenta y tres vecinos más ricos de A Coruña que adelantaron dinero al gobernador. Por la cantidad aportada, estaba entre los cinco primeros.
En catorce años, el hombre que prestaba diez ducados se había convertido en uno de los vecinos capaces de adelantar dinero al gobernador de Galicia.
Al servicio de la Armada
La Armada tuvo mucho que ver con su ascenso.
Hacia 1603, él mismo afirmaba que Felipe II lo había empleado para localizar pilotos que conocieran bien las costas de Irlanda, Inglaterra y Flandes. Comerford no solo suministraba mercancías a la Corona. Conocía idiomas, puertos, comerciantes y rutas marítimas. Y en aquellos años el comercio atlántico y la guerra estaban estrechamente relacionados.
Durante la Guerra de los Nueve Años se convirtió además en uno de los enlaces entre el gobernador de Galicia, el conde de Caracena, y Hugh O’Neill, principal dirigente de la rebelión irlandesa contra Inglaterra. Algunas cartas enviadas desde Galicia hacia Irlanda viajaron en barcos de Comerford que navegaban hacia Francia.
La paz firmada con Inglaterra en 1604 no terminó con esa colaboración. Comerford continuó gozando de la confianza de las autoridades militares de A Coruña y proporcionándoles información sobre el tráfico de contrabando hacia Galicia.
La Corona acabó reconociendo oficialmente sus servicios: recibió un entretenimiento de veinte escudos mensuales como «lengua de los irlandeses», cargo que después de su muerte heredaría su hijo Jorge.
Cónsul de las naciones extranjeras
En 1615 Comerford fue confirmado oficialmente como cónsul de las naciones alemana, flamenca, escocesa e irlandesa residentes en A Coruña.
No se trataba de un cónsul en el sentido diplomático actual. Su función era representar a aquellas comunidades de extranjeros y actuar como intermediario con las autoridades locales. El cargo muestra hasta dónde había llegado aquel mercader de Waterford.
Al mismo tiempo, una parte de su fortuna se estaba convirtiendo en algo mucho más permanente. En 1608 había comprado tres casas en la Pescadería.
Comerford estaba echando raíces.
Estaba casado con Catalina Lynch —Catalina Lince en parte de la documentación española—, perteneciente probablemente a otra familia mercantil de Waterford relacionada con Galicia.
Catalina participó activamente en los asuntos económicos familiares y aparece en los documentos como doña Catalina, un tratamiento que Robert nunca recibió. La diferencia recuerda que riqueza y posición social no eran exactamente lo mismo en la sociedad de la época.
Roberto Comoforte, vecino de San Nicolás
El cambio de apellido cuenta también una parte de la historia.
En los documentos españoles, Robert Comerford aparece con frecuencia como Roberto Comoforte. No era solo una curiosidad lingüística. Con ese nombre aparece ya como vecino de la Pescadería e integrado en la vida económica, religiosa y social de A Coruña.
Era feligrés de San Nicolás y figuró entre los fundadores de la Cofradía del Santísimo Sacramento de aquella parroquia, cuyo libro se conserva en el Archivo Histórico Diocesano de Santiago.
Sus hijos dieron un paso más. En 1619, una de sus hijas, Ana, se casó con el corregidor de A Coruña. Comerford aportó una dote de 34.100 reales, una cantidad extraordinaria incluso entre las familias mercantiles acomodadas. Otra hija se casó con un regidor coruñés y dos de sus nietas terminarían casándose también con regidores.
En una generación, los Comerford habían pasado de las redes mercantiles irlandesas a enlazar matrimonialmente con algunas de las familias que ocupaban el gobierno de la ciudad.
Irlanda seguía presente
Aquella integración no significó que Comerford rompiera sus vínculos con Irlanda. Continuó ayudando a otros irlandeses establecidos en España y, en 1620, adelantó el dinero necesario para rescatar a dos de ellos que habían sido capturados por corsarios.
Roberto Comoforte llevaba décadas viviendo en A Coruña, pero Robert Comerford seguía allí.

Sepultura en Santo Domingo
Robert Comerford murió en 1623.
Fue enterrado en el convento de Santo Domingo, en la Ciudad Vieja, en una sepultura situada al pie del altar de San Pedro Mártir. La elección resulta significativa. Comerford era vecino de la Pescadería y feligrés de San Nicolás, pero eligió para su enterramiento un convento estrechamente relacionado con la comunidad irlandesa y frecuentado por familias acomodadas. Devoción, vínculos personales y posición social pudieron pesar en aquella decisión.
Allí serían enterradas también Catalina, dos de sus hijas y una nieta. La sepultura de Santo Domingo acabó convirtiéndose así en sepultura familiar.
De Comerford a Comoforte
Apenas queda hoy, en la Pescadería, rastro de aquella fortuna construida entre el pescado, el cáñamo, los préstamos, las armadas y la diplomacia de guerra.
Pero quizá quedó algo más difícil de ver.
En 1586 encontramos a Robert Comerford, un mercader de Waterford que empezaba a hacer negocios en Galicia.
Tres décadas después encontramos a Roberto Comoforte, vecino de la Pescadería, feligrés de San Nicolás y fundador de una de sus cofradías.
Entre un nombre y otro cabe toda una historia de la A Coruña atlántica de comienzos del siglo XVII.
Para saber más:
- Saavedra Vázquez, María del Carmen, «La comunidad irlandesa de La Coruña, 1580-1650», en Homenaje a José García Oro, Universidade de Santiago de Compostela, 2002, pp. 315-330. –
- Saavedra Vázquez, María del Carmen, «La participación de Galicia en el socorro de Irlanda y la comunidad irlandesa de La Coruña», en Irlanda y la Monarquía Hispánica: Kinsale 1601-2001, 2002, pp. 113-136.
- O’Scea, Ciaran, «From Munster to La Coruña across the Celtic Sea: emigration, assimilation and acculturation in the kingdom of Galicia (1601-40)», Obradoiro de Historia Moderna, n.º 19, 2010, pp. 9-38.
- O’Scea, Ciaran, «The devotional world of the Irish Catholic exile in early-modern Galicia, 1598-1666», en Thomas O’Connor (ed.), The Irish in Europe, 1580-1815, Four Courts Press, 2001.
- Comerford, Patrick, «How Robert Comerford from Waterford became a wealthy, powerful merchant in Spain», Comerford Way, 4 de abril de 2019.