La batalla de María Pita contra la burocracia

María Pita protagonizó un tenaz periplo judicial y político que culminó con el reconocimiento oficial de Felipe III. Tras enviudar por cuarta vez y encontrarse en una situación económica precaria, decidió que no podía seguir esperando a que la burocracia local resolviera sus peticiones.

Ya en 1596, María Pita había solicitado del rey Felipe II, y le había sido concedida, licencia para exportar mulas de Galicia a Portugal. Hubo algunas discrepancias en cuanto al número de animales (ella solicitaba para 2.000 y la Corona le concedió 300). Sucesivas renovaciones la fueron ampliando.

También solicitó la exención de alojar militares en su casa: consiguió el privilegio de «franqueza». Esto significaba que ningún oficial ni soldado del ejército del Capitán General podría ser alojado a la fuerza en su vivienda de A Coruña, una de las obligaciones más odiadas y costosas que sufrían los ciudadanos de la época.

Y la última, la más importante: un sueldo vitalicio de alférez de infantería.

Sin embargo, muchas de estas mercedes no llegaron a hacerse efectivas con normalidad, puesto que años después, en 1606, hubo de viajar a la Corte para reiterarlas y solicitar su cumplimiento.

A principios de año, María Pita dejó A Coruña y emprendió un largo viaje a caballo y carruaje hacia Valladolid, donde en ese momento estaba asentada la Corte de los Austrias. No viajó como una suplicante común; iba armada con diversos memoriales en los que recordaba los servicios prestados durante el asedio de 1589 y reclamaba las recompensas que consideraba merecidas.

El Real Decreto del 30 de julio de 1606

Tras meses de intensas gestiones ante la Corte, María Pita logró una audiencia y una resolución directa. El 30 de julio de 1606, el Consejo de Guerra emitió un decreto firmado por el propio rey Felipe III que ratificaba y ampliaba las mercedes que ya había comenzado a concederle Felipe II, un hito insólito para una mujer ajena a la nobleza en la época:

  • Sueldo vitalicio: El rey, ratificando la anterior, le concedió una pensión equivalente al sueldo de un alférez vivo de infantería (unos cinco escudos al mes). Este dinero se le pagaría a perpetuidad a cargo de los presupuestos del presidio militar de A Coruña.
  • Licencia de exportación: igualmente se ratificaba la licencia para exportar “mulas y mulatos” y se ampliaba a “carros de leña”.
  • Franqueza: exención de la obligacion de los vecinos de dar alojamiento a militares.

Su regreso a A Coruña (Otoño de 1606)

Con las mercedes reales, concedidas por Felipe III, María Pita regresó a la ciudad hacia finales de verano o principios de otoño de 1606.

Su llegada obligó a las autoridades locales —incluido el recién nombrado Capitán General Diego das Mariñas— a ejecutar unas mercedes que hasta entonces habían quedado incumplidas o se aplicaban de forma irregular.

Este año significó para ella pasar de ser una heroína local popular a una figura reconocida, protegida y respetada formalmente por el Estado absoluto.

Las autoridades de A Coruña reaccionaron ante su regreso con una mezcla de recelo, resistencia burocrática y resignación.

En el Archivo General de Simancas se conservan los distintos memoriales, y son muchos, que María Pita hubo de dirigir al Rey para hacer valer sus derechos. 

En primer lugar, el «Sueldo Congelado» (Septiembre de 1606)

Apenas un mes después de lograr sus privilegios en la Corte, María Pita tuvo que denunciar por escrito ante el Consejo de Guerra la deuda existente, de 182 ducados y 5 reales, mediante certificación expedida por el conde de Caracena, y el año y medio de pensión devengado a partir de la fecha de la citada certificación. Solicita también que la Corona mande que se le pague con cargo a las arcas de La Coruña o Betanzos o Lugo, ante la negativa de las autoridades locales a hacer efectivos los pagos pese a existir documentación acreditativa.

Martinez Salazar así lo hace notar en su obra “El cerco de La Coruña en 1589”, digitalizada por Google y de dominio público en la dirección del enlace.

La queja por el incumplimiento de la “franqueza”.

Según la documentación conservada en el Archivo General de Simancas y en el Archivo Municipal de A Coruña, la aplicación de la «franqueza» dio lugar a protestas por parte de algunos oficiales, que consideraban problemática la exención de alojamiento concedida a María Pita.

El pleito con el capitán Francisco de Peralta

Uno de los memoriales más duros lo dirigió María Pita al Consejo de Guerra de Felipe III, en 1606, denunciando al capitán Francisco de Peralta por malos tratamientos desde 1596, “ansí de obra como de palabra, y demás desto me llevó todos mis bienes muebles y abrió las arcas y cofres”. Y añade “de todo esto di cuenta a Vuestra Magestad en su real Consejo de Guerra destos agravios y se me dio su real Çedula para que el Conde de Caracena hiziese justiÇia sin consideración; el qual no solamente no hiÇo justiÇia, pero el dicho capitan, por ser hombre rico y tener mucha mano con la justiÇia, tuvo orden de hurtar y ocultar los papeles e ynformaÇiones que contra el avía yo hecho, y el traslado de la Çedula que Vuestra Magestad me dio. Y aunque el dicho Conde de Caracena, y ottos juezes hizieron diligenÇias y el licenciado Quijano, audictor, fueron de poca consideracion porque fueron solo de cumplimiento”.

Y responde la Cedula Real: “ Que se le guarde la Cédula y se pregunte al Conde la causa porque no lo ha hecho”.

El “Pleito del Pichel”

La documentación judicial también revela el fuerte temperamento de María Pita. En el conocido «pleito del Pichel«, conservado en la Real Audiencia de Galicia, una acalorada disputa acabó con la protagonista golpeando con un pichel al Oidor que instruía la causa, episodio que motivó un proceso y su destierro temporal.

Los memoriales conservados en el Archivo General de Simancas y la documentación de la Real Audiencia de Galicia muestran una imagen muy distinta de la heroína tradicional. Tras la defensa de 1589, María Pita pasó años litigando para conseguir que las mercedes concedidas por la Corona se hicieran efectivas. Su historia no terminó sobre las murallas de A Coruña: continuó durante décadas en los despachos, los tribunales y los consejos de la Monarquía.

Para saber más:

¿Te ha parecido interesante? Compártelo.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *