La reconstrucción tras el ataque de Drake

A Coruña, 1591.
La ciudad, que dos años antes había resistido heroicamente el ataque de la flota inglesa al mando de Francis Drake, aún mostraba las cicatrices del asedio. La Pescadería, incendiada durante la retirada inglesa, seguía en ruinas. Las murallas, abiertas por la brecha que los atacantes habían logrado abrir, requerían reparación urgente. Los vecinos que habían perdido sus hogares necesitaban ayuda para reconstruirlos. Y en medio de aquella devastación, el rey Felipe II recordó a quienes habían defendido su ciudad.
El contexto: una ciudad devastada
El asedio de mayo de 1589 había sido brutal. Durante catorce días, los 8.000 soldados ingleses desembarcados en la playa de Oza habían hostigado la ciudad sin descanso. Las murallas, antiguas y sin el nuevo modelo de baluartes, apenas cubrían la parte vieja. La defensa, con apenas 1.500 soldados y milicias locales, fue heroica, pero el precio fue alto.
Ahora la ciudad necesitaba reconstruirse. Pero los recursos eran escasos y la Corona, inmersa en la guerra contra Inglaterra, no podía hacer grandes desembolsos. La solución llegó en forma de privilegios fiscales.
Los privilegios de 1591
El 5 de marzo de 1591, el Consejo de Castilla emitió una provisión en la que Felipe II concedía a A Coruña una serie de mercedes como compensación por los daños sufridos durante el asedio. Los privilegios eran dos, y ambos tenían un impacto directo en la vida de los vecinos.
El primero era la exención del pago de alcabalas durante diez años. La alcabala era un impuesto sobre las compraventas, equivalente aproximadamente al 10% del valor de la transacción. Para una ciudad que vivía del comercio, y especialmente para un barrio como La Pescadería, donde la actividad comercial era intensa, esta exención suponía un alivio fiscal significativo. Permitía a los comerciantes recuperar su actividad sin la carga impositiva que les habría correspondido en circunstancias normales.
El segundo privilegio era la liberación de alojamientos para las casas que se construyeran de nuevo. El derecho de alojamiento era una de las cargas más odiadas por la población civil. Los soldados y oficiales del rey tenían derecho a ser alojados en casas particulares, y los vecinos estaban obligados a acogerlos, a menudo sin compensación. La exención de esta obligación para las nuevas construcciones era un incentivo para la reconstrucción: quien construyera una casa nueva no tendría que alojar soldados en ella.
El documento: una fuente histórica
La provisión de 1591 se conserva en el Archivo Municipal de A Coruña. Este archivo, que custodia documentos desde el siglo XIII, es la fuente principal para conocer la historia de la ciudad. Entre sus fondos se encuentran no solo las provisiones reales, sino también los protocolos notariales, los libros de actas del concejo y los documentos de la Real Audiencia.
El documento de 1591 forma parte de un conjunto más amplio de correspondencia administrativa de la época. En el Archivo de Simancas se conservan, por ejemplo, cartas de enero de 1591 sobre el sueldo de las compañías de infantería española que residían en Bayona y A Coruña. Estos documentos permiten reconstruir el día a día de la administración militar en la ciudad.
La memoria del asedio: otros reconocimientos
Los privilegios de 1591 no fueron los únicos reconocimientos reales a la defensa de la ciudad. El rey premió también a algunos de los defensores más destacados. El capitán Juan Varela, que había combatido en la muralla, recibió una merced por su actuación. María Pita, cuya gesta había sido decisiva para la retirada inglesa, fue nombrada Alférez perpetuo, aunque en la práctica nunca llegó a cobrar sueldo alguno.
Otra mujer, Inés de Ben, que también perdió a su esposo en el asedio, no corrió la misma suerte. Murió pobre y olvidada, sin el reconocimiento que sí obtuvo María Pita.
La reconstrucción: una ciudad renace
La exención de alcabalas y la liberación de alojamientos tuvieron un efecto práctico en la vida de la ciudad. La Pescadería, el barrio más castigado, se reconstruyó lentamente. Las casas de madera, incendiadas por los ingleses, dejaron paso a edificaciones más sólidas. El comercio, motor de la economía local, recuperó su actividad.
El testimonio de aquellos años muestra que la reconstrucción fue un proceso largo y costoso. Los privilegios de 1591 hicieron posible que familias y comerciantes pudieran empezar de nuevo.
Conclusión: el reconocimiento de una resistencia
Los privilegios reales de 1591 son más que un documento fiscal. Son el testimonio del reconocimiento de la Corona a una ciudad que había resistido el ataque de la flota más poderosa de la época. Felipe II, que había visto fracasar su Armada en 1588 y que ahora veía cómo los ingleses contraatacaban, necesitaba mantener la lealtad de las ciudades que se habían mantenido fieles.
A Coruña, que había sido el punto de partida de la Armada Invencible y el escenario de la gesta de María Pita, recibió su recompensa. Durante diez años, sus vecinos no pagarían alcabalas; durante diez años, las casas nuevas no alojarían soldados. Pequeños privilegios, sin duda, pero que permitieron a la ciudad levantarse de sus cenizas.
Para saber más:
- «La escuadra ‘Vencible’, Drake en A Coruña, 1589.» Celtiberia.net (2007).
- Provisión de Felipe II concediendo exenciones a A Coruña (1591). Archivo Municipal de A Coruña.